By John Farmer, KF 15, El Salvador
co-author: Pily Reyes

An intense trip thought the rural mountains of eastern El Salvador made us think about the importance of family unity through the clay and string and flour that intertwine these 4 stories.

The importance of this image became more obvious as the day unfolded

The day began with a visit to a cave which has prehistoric drawings that date back thousands of years. Our attention was drawn to several of the figures which were of couples holding hands. We didn’t think much of it then, but that image stayed with us as the day unfolded.

This baker left a job in the US to be with his wife and child.

From there we went to interview a baker, a man who, through the labor of his hands and love for his family makes bread in the warmth of his oven. He told us that after working in the US, far away from his family, he decided it was more important to be with his wife and daughter than to just send them money. Using a loan from an MFI, two years ago he opened his own bakery.

This weaver of dreams has been making hammocks since she was 12

Our next client visit was to a young woman who weaves hammocks. She invited us in to her house: a tiny shack made of wood, bamboo, cane, and tin with a dirt floor and walls covered with newspaper. Inside was barely room for a bed, a finished hammock and one being made. She uses loans from PADECOMSM to buy materials to make hammocks, improve her house and pay off her small lot all by herself – in tears, she told us that she had recently become a single mother. Her six year-old son recently suffered a facial paralysis when his father left.

His mother says he was traumatized when his Dad left...

Nonetheless this weaver of dreams told us that her son wants to grow up to be a fireman; he plans to work hard to help her so she can have more time to relax. Fortunately, business is good. She sometimes she has so many orders for hammocks that she has to contract others. Though sad, she’s moving on.

They make comales as a family

She makes comales all by herself since her husband left

In yet another region, we met a couple who make comales (a large clay tray to cook on). They showed us the elaborate means of making them. Both were very proud of their craft, on which they have worked together day after day for decades. Their two children, both in their twenties, as well as cousins and in-laws all take part in the business. The procedure is interesting — we will write another blog entry about the manufacturing of comales.

Happiness is a new baby and family love!

Our last visit was to a woman, another artisan maker of comales, with eight children. She showed us her work and we met several of her children, the youngest of which is 5 months old. This woman shared with us that the father of all eight recently left her for another woman. Yet another story of a single mother that will now have to shape the lives of her children all alone, in much the same way that she shapes the clay.

The Spanish version follows:

Un intenso viaje por la parte oriental de El Salvador nos brindó el barro para recrear el tema de la pareja, los hijos, y las madejas de hilos de colores para entretejer estas cuatro historias.

El día inició visitando una cueva que tiene pinturas prehistóricas que datan de 3000 años. Llamó nuestra atención encontrar varias figuras de parejas tomadas de la mano, esas imágenes quedaron con nosotros conforme el día se desplegó, dándonos el presente tema.

Desde ahí fuimos a entrevistar a un panadero, un hombre que a través del trabajo de sus manos y el amor por su familia, hace el pan desde el calor de su hogar. Él nos dijo que después de haber trabajado en los EE.UU., decidió que era más importante estar con su esposa e hijo, así que regresó y con el apoyo de un préstamo de la IMF, abrió su propia panadería.

Nuestra entrevista siguiente fue con una clienta joven que teje hamacas. Ella nos invitó a su casa: un pequeño cuarto de madera, bambú, caña, y lámina; con piso de tierra y paredes cubiertas con papel periódico. En el interior había una cama, una hamaca que ella había hecho y una en elaboración. Nos encontramos con su hijo de 6 años de edad, la clienta llorando nos dijo que ella es madre soltera, y nos compartió que su niño había sufrido una parálisis facial, a raíz del abandono de su padre.

No obstante esta tejedora de sueños nos comentó que su hijo quiere llegar a ser un bombero y trabajar mucho para que ella ya no trabaje tanto. Afortunadamente, el negocio es bueno. A veces tiene tantos pedidos de hamacas que emplea a otras personas para que le ayuden a tejer. Aunque triste, ella sigue adelante, usa los préstamos de las IMF invirtiendo en materiales para la confección de hamacas, mejorar su casa y pagar su pequeño lote por sí misma.

En otro lugar de la región, nos encontramos con una pareja que hacen comales (utensilio de cocina para hacer tortillas). Contentos nos mostraron el laborioso y delicado proceso para su elaboración. Los dos se veían muy orgullosos de su oficio, en el que han trabajado juntos día tras día desde hace décadas.

Nuestra última visita fue a una mujer artesana, también fabricante de comales, la cual tiene ocho hijos. Ella nos mostró sus comales y conocimos también a sus hijos más pequeños, el más joven de ellos que es de 5 meses de edad. Esta mujer nos compartió que el padre de los ocho recientemente la dejó por otra mujer.

En un mismo día una historia más de una madre soltera que ahora tendrá que forjar el destino de sus hijos de la misma manera como lo hace con el barro.


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